todo y parte
sobre maravillas y resistencias
El mes pasado me llegó un mensaje privado de un poeta con el que hace años que no hablaba. Me escribía porque había visitado una exposición que le había recordado a El taxidermista, una plaquette que publiqué allá por 2016. La muestra en cuestión era la de Ana Juan en Centro Centro. Yo conocía algo de la obra de esta artista como ilustradora, tengo su peculiar Blancanieves, que me encantó, pero se me había pasado por completo que hubiera una expo de su obra actualmente en Madrid. El título ya era prometedor: Wunderkammer, es decir “gabinete de maravillas”. Y ya sabéis lo que me gustan esas cosas.1 Así que el primer día que tuve un hueco me escapé a verla y no me decepcionó en absoluto. No se trata de una retrospectiva sino de un proyecto en el que la autora nos lleva a su universo y su forma de entender el mundo: figuras imaginarias, casi siempre híbridas, donde se confunden los límites entre lo animal, lo vegetal, lo humano y lo inanimado. Una dulce locura interespecie, con un claro toque gótico, donde cada individuo es parte y todo al mismo tiempo. Podéis visitarla hasta el 3 de mayo.
A comienzos de la semana de pasión, tuve una bajona importante, de esas de quedarte en la cama llorando porque te quieres bajar del mundo, estás tristísima y todo te parece una soberana ordinariez sin sentido. Durante esos días decidí aparcar (por no decir abandonar) el libro en el que estaba trabajando. Me sentía confusa, desilusionada, falta de ánimo y, además, la historia había perdido todo el interés para mí de tanto darle vueltas. Anoté un par de ideas para escribir otras cosas y guardé el ordenador y los cuadernos y no volví a tocarlos. Me propuse escribir solo cuando me apeteciera y lo que me apeteciera, sin pretensiones de que se convirtiera en “algo”. Durante esos días, tampoco leí ninguno de los libros que había llevado conmigo (ni otros). Me dediqué a comer palomitas mientras veía una serie2 que cuando terminé me pregunté por qué narices había visto semejante boludez.
Aparte de los paseos con Thelma y pelearme con la estufa de leña para que no se apagara, hice poco más. Lo que no dejé pasar fueron mis ratos dedicados a meditar, una práctica que comencé hace unos meses con una app que me recomendó una amiga. Ya llevo 107 días consecutivos meditando y la verdad es que me ha ido muy bien para controlar mi ansiedad y mi tendencia a los pensamientos anticipatorios negativos.
En uno de esos ratos de calma y respiración me quedé mirando por la ventana, observando cómo la luz de la tarde incidía sobre la montaña nevada. Entonces pensé que mirar una montaña, mirarla porque sí, es un acto de resistencia, de rebeldía. Contemplar sin prisa una montaña es una forma de confrontar un sistema que nos pide que estemos en continuo movimiento, que nuestra atención salte de un estímulo a otro, que cada acto conlleve un resultado productivo.
Hace años que hago la misma foto de esa montaña decenas de veces al año. Siempre que alzo la vista y me topo con ella pienso en que cada día es la misma, pero cada día es distinta, un poco como las criaturas de las obras de Ana Juan, que son parte y son todo. La montaña es una y es muchas. Es ella y todas las montañas. Su desaparecido glaciar es un fantasma que permanece en el agua de la laguna y, a la vez, un atisbo del futuro de nuestros cada vez más escasos glaciares vivos. Debo confesar que me fascina el movimiento de los glaciares, lo que esconden debajo, lo que se llevan, lo que devuelven3 y cómo suenan.
Hablando de sonidos, para terminar quería traeros tres webs en las que podéis pasar horas escuchando ballenas, ranas, glaciares, ríos, bosques y mucho más, que también me parece algo bastante rebelde en un mundo en el que cada vez nos paramos menos a escuchar lo que nos rodea:
Sounds of the Forest recoge sonidos de los bosques de todo el planeta.
Wild Earth Sounds: Un mapa de sonidos de la revista Conservation Mag.
Tree.fm: Una web donde puedes escuchar aleatoriamente bosques de todo el mundo. (Mientras escribo esta parte del post estoy escuchando los sonidos del Monte Raschio, en Italia.)

Ya dije en este post que me encantaría tener un gabinete de curiosidades como el que sale en la foto. Lo que no he contado por aquí es que L., que me lee con amor y atentamente, se puso manos a la obra para regalarme mi primer wunderkammer y, aunque aún le faltan muchas cosas por meter (sobre todo huesecillos y cráneos que tengo guardados) no ha quedado nada mal. Otro día subo foto.
La serie en cuestión es Sirens. Confieso que empecé a verla porque sale Julianne Moore y la terminé porque quería saber cómo la resolvían. Fatal. Terrible. Una cosa horrorosa de resolución.
Sobre glaciares leí bastante cuando investigaba para mi poemario Letanía del frío, así descubrí el proverbio islandés “El glaciar devuelve lo que se lleva”.




Qué maravilla, madre mía
Quise haber ido a la exposición cuando estuve en Madrid, pero me quedé sin verla porque no me encontraba bien. Gracias por esos pequeños destellos para asomarnos a ella. Y por las webs. No hay nada más relajante que escuchar ballenas y glaciares 🩵